Educar en la no violencia

Los casos de violencia infantil y juvenil preocupan a la sociedad en general y a padres/madres en particular. Con frecuencia vemos en los medios de comunicación un aumento de las agresiones, entre compañeros, a los propios padres y a los profesores. Esto deja al descubierto que valores como el compañerismo, la tolerancia y el respeto estan ausentes o no son transmitidos adecuadamente en la educación que ofrecemos a nuestros hijos e hijas. Ofrecer alternativas para que los niños y niñas aprendan a manejar los conflictos es uno de los mas improtantes objetivos educativos a conseguir.

La violencia infantil y juvenil existe, en nuestros hogares y en la sociedad,  los casos de violencia intrafamiliar en la que los hijos maltratan a sus padres se denuncian siete veces más en la actualidad que hace cuatro años. Ser niño, niña o adolescente hoy, es vivir en un entorno que constantemente les lanza mensajes de corte violento o irrespetuoso, ya sea en la televisión, en la publicidad o en su grupo de amigos. Muchos niños, niñas y adolescentes violentos han sido educados con excesiva permisividad, sin limites, sin unas pautas claras de comportamiento.

La relación que mantenemos con nuestros hijos e hijas a menudo se convierte en un intento de equilibrio  en el que unos intentamos controlar el poder y ellos quieren conquistarlo. Conseguir una buena conducta de los niños y niñas, pasa por marcarles unas normas claras y no ambiguas basadas en las consecuencias de sus actos desde que son pequeños,  por enseñarles unos valores basados en la no violencia. Si no existen límites ni estos valores, la sobreprotección consistente en intentar evitarles todo tipo de problemas que ejercen muchos padres, puede derivar en personas no acostumbradas a recibir un «no» por respuesta.

La carencia de límites da lugar a niños y niñas insatisfechos, insaciables en sus peticiones, que con muy pocos años quieren imponer sus criterios, que insultan, incluso agreden, que se creen los dueños absolutos del terreno que pisan. Ante esta situación, muchos padres y madres se sienten incapacitados para responder, ceden, y con ello aumentan el poder de ese niño o niña. En la actualidad muchos niños son los  dueños del hogar, los que deciden desde que llegan del colegio qué se ve en la tele, si los padres salen de casa  etc.

Hay dos tipos de familias cuyo producto resultante de esa educación suele ser niños y adolescentes violentos: las que son incapaces de poner límites, y eso al chico o chicale causa sensación de abandono, de falta de afecto porque cuando se relaciona con otros chicos ve que tienen límites y se pregunta si a él no le quieren; y aquellas familias,  en las que sucede todo lo contrario, han intentado desde el principio marcar a los hijos unas directrices muy estrictas, un modelo de relación muy autoritario, y entonces el chico busca la individualización mediante el conflicto.

Para educar desde las familias en la no violencia hay que ser coherentes con nuestras actitudes y no permitir que nuestros hijos tengan comportamientos violentos disculpándolos con la excusa de que la sociedad es violenta y han de defenderse, la violencia de la sociedad no surje de ella misma, surje en las propias familias.

Nuestros hijos han de saber que nosotros no admitimos en casa comportamientos violentos y que si los tienen tendrá consecuencias, cuando no hay consecuencias les importa muy poco lo que les digamos, porque saben que no sucederá nada.

Querer a los hijos no es dejarles pasar todo, es corregirles los comportamientos que así lo requieran y valorarles los comportamientos adecuados, con ello aumentamos su seguridad y autoestima. Con ello en definitiva estamos preparando a nuestros hijos e hijas para convivir.

Volver Atrás