Pero ¿En qué tenemos que participar prioritariamente?
En función de las necesidades, puede haber un momento en que sea necesario organizar una fiesta, o una ayuda puntual en algo » folklórico «, pero tenemos que poner el énfasis en el lugar donde se toman las decisiones educativas. A veces corremos el riesgo de actuar de comparsas o de gastar las energías en cosas secundarias -la organización de multitud de extraescolares nos agota-. No estamos tanto para hacer (que también), sino para cooperar a que se hagan las cosas, que la organización escolar funcione.
Tenemos que incluir todas las actividades de la Apyma en el Plan General Anual que aprueba el centro en el Consejo Escolar. Asimismo incluiremos una evaluación en la memoria de fin de curso.
- Tener claros los objetivos educativos de todas las actividades que organicemos, y que las medidas que se adopten han de servir para todo el alumnado, y para todas las familias que deseen participar. No nos representamos a nosotros sino a toda la colectividad.
- Conocer la realidad concreta del barrio, zona o municipio, la escuela está en un entorno concreto, tratar de aprovechar y coordinar actividades con la Unidad de Barrio de Bienestar Social, con el Centro de Salud, Clubs deportivos, organismos municipales, asociaciones de ocio.
- Tratar de llegar a todas las familias con las actividades, acomodarse al interés de la mayoría. Con frecuencia se nos descuelgan las familias de nivel socio-económico más bajo, y es un aspecto que tenemos que cuidar especialmente, porque son las que más lo necesitan. Hay que promoverlo desde el centro. El profesorado puede hacer mucho.
Actividades para familias
Para una eficaz participación en el centro educativo debemos estar informados, formados y agrupados. Para ello todas nuestras actividades han de orientarse en estas tres vertientes:
Actividades Informativas:
La Junta de la Apyma hemos de establecer los cauces de información entre el centro y los padres y madres por todos los medios posibles.
La información relativa a la organización del centro, legislación, instrucciones de comienzo de curso, funcionamiento del Consejo Escolar, etc., nos la tiene que facilitar la dirección del centro. En la Federación nos orientarán también.
Que lleguen a todos los padres y madres puntualmente: los objetivos de cada curso, u otros más inmediatos, la actividad del Consejo Escolar, etc.
Actividades Formativas:
La formación. Tenemos que estar preparados para poder participar eficazmente. Pero no pensemos que es imprescindible una formación académica sólida para comenzar, nuestro papel es el de padres, no tenemos que ser expertos y con ganas muy pronto estaremos capacitados. Pero, esto sí, tenemos que adquirir unos conocimientos mínimos del funcionamiento, de cuál es nuestro papel, y de la realidad del sistema educativo y de la etapa escolar en la que participamos. Los representantes en el Consejo Escolar deberán conocer sus funciones.
Asimismo lo que denominamos «formación de padres» ha de ser una de nuestras prioridades como organización, las actividades de profundización en criterios educativos, de conocimiento de la etapa evolutiva en que se encuentran los hijos, de los objetivos de la etapa educativa, de cómo se van consiguiendo, del funcionamiento del centro, de reflexión sobre cuestiones sociales relacionadas con la educación, etc.
Animamos a todos los padres a que busquen un hueco en su agenda y asistan a estas actividades que nos forman y enriquecen el buen funcionamiento de la familia.
Actividades de representación:
La participación en el Consejo Escolar, a través de nuestros representantes, y en sus comisiones.
O en otras comisiones de barrio o municipales.
Reuniones periódicas con el equipo directivo.
Participación en la Federación
Actividades extraescolares
Con frecuencia los padres damos por bueno que la colaboración en las actividades educativas que la legislación nos reconoce supone que seamos nosotros quienes organicemos actividades que amplían el horario y complementan la oferta educativa que ofrecen los centros. Como organización de padres y madres, debemos tener claro que nuestra colaboración en actividades educativas es bastante más amplia que la mera organización de las llamadas extraescolares.
Las actividades extraescolares deben responder a nuestro concepto sobre la educación, buscando como prioridad el desarrollo global y armónico de la personalidad de nuestros hijos e hijas.
El estilo de vida y la organización social se caracterizan por un utilitarismo feroz, en el que los espacios lúdicos y de relación entre los niños son cada vez menos y poco adecuados.
Todo ello suele dejar como única salida el abuso de la televisión, los videojuegos y otras actividades de carácter consumista y pasivo, que no solamente no responden a sus necesidades de desarrollo, sino que incluso contribuyen al enquistamiento de las dificultades que surgen a lo largo de éste.
Tradicionalmente las actividades extraescolares en los centros educativos han venido desarrollándose por iniciativa de las Apymas y con demasiada frecuencia básicamente para tener entretenidos a los niños a la espera de que sus padres puedan llegar a recogerlos o como una necesidad de formación complementaria que les permita enfrentarse en condiciones más ventajosas al mundo laboral o los posteriores estudios.
Generalmente no se contempla el tiempo dedicado a estas actividades como mera recreación y complementariedad desde lo lúdico y lo social, aspectos básicos para el desarrollo armónico de su personalidad, sino que generalmente los adultos solemos aspirar a obtener un rendimiento de ellas.
Habitualmente se consideran un pérdida de tiempo aquellas actividades que no son evaluables objetivamente. Los beneficios y la rentabilidad del crecimiento personal que los niños alcanzan en las actividades lúdicas no son tan fácilmente medibles, aunque es innegable que se adquieren conocimientos fundamentales para diferentes ámbitos de la vida y especialmente para una buena aceptación de uno mismo y de los otros.
Creemos que nuestro objetivo fundamental al organizar las actividades debe ser proporcionar a los niños y niñas diferentes actividades que desarrollen sus capacidades y potencialidades. Para ello se requieren espacios adecuados y personal debidamente formado y capacitado, no sólo técnicamente sino en lo fundamental: el trato con los niños, y que debe compartir el criterio educativo de la APYMA.
También hay que reflexionar sobre cómo organizar las actividades, teniendo como orientación que no somos una empresa ni debemos serlo, nuestra función es más importante.
Nuestro consejo es que las actividades estén contratadas legalmente, mediando factura en la que deben figurar los datos fiscales de las personas o empresas que contratan la actividad.
Los niños deben acudir a las distintas actividades voluntariamente, sin presiones externas.
Los monitores deben reunir dos condiciones igualmente indispensables:
- Perfecto conocimiento de las técnicas propias de su disciplina.
- Conocimientos sobre el desarrollo evolutivo de la personalidad global de los niños, dinámica grupal y las diferentes didácticas.
Por tanto los monitores serán apoyados mediante la supervisión y seguimiento de las coordinadoras, que estarán en contacto permanente con la Apyma.
Los monitores y coordinadores deberían realizar reuniones de grupo con los padres y madres donde se les informe de cada una de las actividades, explicando objetivos específicos, metodología, etc., realizando un seguimiento periódico y evaluación final.
Proponemos que todas actividades promovidas por nosotros, los padres y madres, tengan en cuenta:
- Desarrollo global de la personalidad, poniendo el acento en la construcción de una autoestima positiva, favoreciendo los procesos de socialización.
- Educación para el tiempo libre y el ocio. que los niños disfruten de su tiempo libre, transformándolo en tiempo de creación y autorrealización.
- Aprendizaje de técnicas de expresión y comunicación, adecuadas a sus edades, intereses y aptitudes.
- Educación para el cuidado del entorno y para el consumo.